El Sijú

Memories and opinions of a little owl

Mamá

Mamá se regresa a la isla y es un mazazo inesperado verla atravesar el control y agitar con la mano aparentando que todo está bien tras paredes de cristal que no dejan pasar ningún sonido y le dan por tanto a la imagen una apariencia de somnolienta irrealidad. Las lágrimas se me vienen encima sin que yo lo comprenda porque yo he sido siempre un tipo duro para esas cosas como te diría cualquiera que crea que me conozca. Los sollozos me duran quizás un minuto y me abandono a ellos sin resistencia porque sé que ella ya no puede verme aunque quizás le habría hecho bien en cierto sentido verme así tan afectado por su partida. Me paso todo el día con el pecho oprimido por una sensación de desamparo que creía cosa de un pasado sustituido definitivamente por un presente marcado por la renuncia a cosas que para un cubano son más bien un lujo terriblemente caro aunque el cubano se aferre a ese lujo como si sin él no se pudiese vivir. Y yo que pensaba haber puesto Atlántico de por medio entre nos y un perro que ya no me iba a poder morder más nunca que hay que ser ingenuo porque en ese perro sublimado hasta el esqueleto por la hambruna los dientes lucen más grandes. Mamá se viene conmigo a una de esas tiendas donde no falta nada que un homosexual moderno pueda desear y aunque por suerte no se vio frente a una hilera de amenazantes dildos hace gala de una naturalidad pasmosa y se lleva una de esas banderitas con los colores del iris dice que para el multimueble de la sala de casa. Quizás lo hace por convicción o para enviarme una señal o quizás es su manera de disculparse pero a mí me basta con la intención para caminar felices por los caminos empedrados del infierno porque aunque yo también aparente la concomitante naturalidad su gesto me conmueve de hecho.